La probabilidad de que exista un accidente fatal es de 1 en 2.75 millones de vuelos, pero esta tasa aumenta cuando las aeronaves no cumplen con todos los estándares internacionales para ser pilotadas. Al menos eso es lo que indica el estudio Airline Safety: Still Getting Better del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
En el caso del vuelo LNH-018, a cargo del avión Jetstream 32, matrícula HR‑AYW, de la aerolínea Lanhsa, las probabilidades eran mucho mayores, pues la aeronave ya había reportado fallas en repetidas ocasiones, según testimonios recabados por LA PRENSA Premium.
Uno de los últimos casos fue el domingo 15 de marzo de 2025 —dos días antes del fatídico accidente en Roatán, donde fallecieron 12 personas y 5 sobrevivieron—, cuando se reportó un retraso de cuatro horas en el aeropuerto de La Ceiba, en Atlántida, porque el avión presentó fallas previo a despegar desde Roatán, según el periodista Paulo Cerrato, quien iba como pasajero.
El vuelo retrasado del 15 de marzo
En diálogo con LA PRENSA Premium, Cerrato recordó que ese día tenía previsto un viaje a La Mosquitia, en el departamento de Gracias a Dios. La ruta era desde el aeropuerto Toncontín, en Tegucigalpa, con escala en La Ceiba, Atlántida, donde cambiaban de aeronave; posteriormente se dirigía hasta Puerto Lempira en el avión de Lanhsa.
Cerrato aseguró que el viaje de Tegucigalpa hasta La Ceiba no tuvo contratiempos porque iban en otra aeronave, pero que cuando les tocaba subir al Jetstream 32, matrícula HR‑AYW, les informaron que estaba retrasado.
Dijeron que estaban revisándolo, no dijeron fallas, pero sí que estaba en revisión.
Paulo Cerrato — periodista, pasajero del vuelo
Una fuente afirmó a LA PRENSA que ese día el avión sí estaba en revisión, pero por fallas mecánicas sin especificar de qué tipo. El avión fue revisado y cuatro horas después despegó con destino a La Ceiba, donde Cerrato junto con otros 18 pasajeros esperaban para que los llevara hasta Puerto Lempira.
La avioneta se notaba que no tenía el mantenimiento adecuado. No se sentía del todo limpia. Había cinturones que no funcionaban, uno se sentaba y el cinturón estaba desconectado del asiento y uno tenía que ponérselo solo para fingir que llevaba un cinturón, porque a veces la avioneta iba llena, no habían más asientos y era eso o quedarte y no poder ir en ese vuelo.
Paulo Cerrato — pasajero
El hondureño afirmó que, al despegar, se sentía "como sus plásticos viejos crujían en el vuelo, se sentía inestabilidad… se notaba que todos los plásticos y asientos vibraban, no había aire acondicionado, era como ir en una lata de sardinas". Al momento de aterrizar se sintió una vibración fuerte, distinta a los aterrizajes normales, lo que generó temor entre los pasajeros, quienes agradecieron tras aterrizar sanos y salvos en Puerto Lempira.
Dos días antes del accidente en Roatán la aeronave presentaba condiciones de desgaste y siempre se decía que era un riesgo viajar en esas avionetas y que cualquier día se podían caer y, bueno, ocurrió.
Paulo Cerrato — pasajero
Así aterrizó dos días antes el avión accidentado en Roatán
El aterrizaje del avión Jetstream 32, con matrícula HR‑AYW, en el aeropuerto de Puerto Lempira el 15 de marzo de 2025, dos días antes del fatídico accidente.
Piloto también reportó fallas
El fatídico accidente ocurrió el 17 de marzo de 2025. El avión despegó del aeropuerto Juan Manuel Gálvez y segundos después cayó al mar.
El informe de la Agencia Hondureña de Aeronáutica Civil (AHAC) y la Comisión Investigadora de Accidentes e Incidentes de Aviación (CIAIA) indica que a las 6:24 de la tarde el avión se posicionó en la pista 07 del aeropuerto, siguiendo las instrucciones de la torre de control.
Buena visibilidad, vientos ligeros del norte de 6 a 9 nudos, algunas nubes dispersas a unos 2,200 pies y temperatura aproximada de 27 °C.
Minutos después, el Jetstream inició la carrera de despegue en sentido oeste‑este, con rumbo a La Ceiba. Según el informe preliminar de la AHAC, la aeronave alcanzó entre 20 y 35 pies de altitud, se desvió bruscamente hacia la derecha, perdió el control y cayó al mar cerca del borde occidental del aeropuerto de Roatán.
La hora exacta del impacto en el agua ocurrió a las 6:30 de la tarde, a unos 100–150 metros de la orilla de la pista. Es decir, desde que recibió la orden desde la torre de control hasta el impacto apenas pasaron dos minutos.
El avión cayó al agua, donde pescadores que atestiguaron lo ocurrido lograron rescatar a los cinco sobrevivientes; otros 12 habían fallecido debido al impacto. Entre los fallecidos estaban el piloto Luis Araya y el copiloto Francisco Lagos.
LA PRENSA conoció que el piloto Luis Araya ya le había comentado a su familia que no continuaría pilotando por las condiciones de los aviones. Mencionó que ese día el avión había presentado desperfectos en el sistema hidráulico antes de salir de Puerto Lempira hacia Roatán, pero que se hicieron pruebas y funcionó.
Un año después, aún sin causas oficiales
Un año después del accidente todavía se desconocen las causas, aunque fuentes consultadas por este equipo mencionaron una serie de situaciones que apuntan a que todo ocurrió por negligencia y fallas mecánicas.
En marzo de 2025, Jorge Corrales, quien en ese entonces fungía como subdirector de Aeronáutica Civil, afirmó que "el avión sí recibió los mantenimientos programados frecuentemente dentro del programa anual de inspecciones". Sin embargo, el piloto externó a su amigo Fausto Molina la falta de mantenimiento del equipo.
Él estaba muy preocupado por las condiciones de la aerolínea aérea Lanhsa. En algunas condiciones, él se negaba a volar. Estos aviones no tenían el debido mantenimiento.
Fausto Molina — amigo del piloto Luis Araya, abogado
Las declaraciones de Molina coinciden con lo expresado por Cerrato, quien lamentó que todas las aeronaves que viajan a Islas de la Bahía y Gracias a Dios presentan las mismas condiciones, como si su tiempo de utilidad ya hubiera terminado.